A nuestro juicio, la innovación nace de la anticipación proactiva. Una cédula de innovación debe centrarse en las dos áreas con mayores posibilidades de retorno de la inversión, la de contenidos y la de servicios. Este planteamiento descansaría sobre tres ejes: la administración, la industria y la universidad.
Las sinergias que potencialmente podrían ofrecer (y que actualmente son prácticamente invisibles) serían el resultado de un esfuerzo conjunto en el que los tres vértices del triángulo (administración, industria y universidad) se unirían para gestionar la innovación como medio de competitividad.
De este modo, desde la administración se debería: a) priorizar el esfuerzo en los sectores con mayor retorno de la inversión; b) aumentar el número y el valor de las subvenciones frente a los actuales sistemas (que ofrecen únicamente reducción de impuestos y aplicación de bonos con descuentos fiscales); c) reducir y simplificar los trámites administrativos y d) someter las subvenciones al cumplimiento de objetivos claros.
Desde la industria se debería: a) enfocar el esfuerzo en áreas específicas de competencia (ello le conferiría un valor único); b) colaborar en proyectos conjuntos entre la universidad y la UE con fines investigadores; c) (y viceversa) es decir, crear un marco de colaboración con las universidades a largo plazo en áreas de interés para la industria y d) elaborar programas de reclutamiento (por ejemplo, bajo la modalidad de becas) en el área tecnológica.
Por último, desde la universidad se debería: a) focalizar el esfuerzo en determinadas áreas de competencia en función de las necesidades de la industria; b) colaborar en proyectos conjuntos con la industria y la UE para la investigación; c) crear marcos de colaboración con la industria a largo plazo y d) enseñar a gestionar la innovación. |