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TDT, ¿continuidad o revolución?

fotoConcebida como una tecnología de sustitución, la TDT está llamada a recoger el guante de la televisión por ondas terrestres, su homóloga analógica. Como heredera natural de la televisión analógica hertziana -uno de los activos más importantes de España- y llamada a protagonizar el encendido digital, la vocación de esta Web se justifica en una razón doble: la inapelable realidad del apagón analógico, previsto para 2010 y la consiguiente obligación de migrar a esta tecnología.

En España, el terreno por el que ha transitado la TDT está alambrado por la incertidumbre, toda vez que destila indefinición. Una década ha transcurrido desde su alumbramiento jurídico. ¿Qué ha fallado? Y lo que es más importante, ¿qué le ha impedido entrar en una dinámica virtuosa?

Llegados a este punto se hace inevitable hablar del endémico retraso español. La ralentización de su implantación puede atribuirse a que las predicciones sobre su evolución tecnológica descansan en un wishful thinking en el que se han co­metido dos errores sistemáticos: se ha sobreestimado el futuro inmediato -justificado en una masa crítica que continúa siendo débil y en una demanda que se constata inelástica- y se ha subesti­mado el más remoto -argumentado en un enfoque de implementación mal planteado en el que se ha soslayado su potencial como estrategia multiplataforma-.

El momento tecnológico, comparable con el de la introducción del CD de audio o con la transición del blanco y negro al color, es óptimo. La creciente importancia del fenómeno de la digitalización (el 70% del consumo de medios será digital en 2012), contrasta con el desconocimiento generalizado acerca de los cambios que acarreará específicamente la relativa al estado del arte de la señal hertziana.

Tres son los aspectos sobre los que se cierne la problemática: cobertura, antenización y aparatos receptores de la señal. En cuanto al primero, cabe resaltar que una importante audiencia que no puede ver TDT porque no tiene cobertura. Aunque para 2010 más del 90% tendrá cobertura y estemos por encima de los parámetros europeos, todo hace presagiar que el resto tendrá que ser cubierto por tecnologías caras.

Pero, sin ningún género de dudas, es la última cuestión la que concentra el grueso de la problemática. Aunque son numerosas las soluciones que proliferan en el mercado (zappers básicos, televisores con STBs integrados y combos DVD-TDT) está en juego la cuestión de la interactividad. Es urgente la adopción de un estándar abierto como MHP, que permita que todos los receptores con capacidad interactiva que los fabricantes coloquen en el mercado sean desde el primer momento de un único tipo.

Nos referimos a la exclusión del universo interactivo al que se verán abocados aquellos ciudadanos que ya han comprado cajas simples, puesto que la interactividad que pueden disfrutar está a años luz de la que permiten los aparatos con MHP integrado. Esta situación de partida, creada por un error de estrategia y de ausencia de campañas de comunicación por parte de las administraciones implicadas (no olvidemos que la TDT es una tecnología de sustitución impuesta) puede comportar una brecha categorizadora entre telespectadores de primera -con acceso a interactividad remota- y televidentes de segunda, que tendrán que conformarse con una interactividad primitiva y local.

Al margen cómo evolucione el actual modelo, el target de TDT se proyecta escénico (le gusta expresarse), de edad adulta (hay que tener en cuenta la fuga de los públicos jóvenes hacia otros medios digitales) multi-tarea, desleal, vengativo (sobre todo con la publicidad), con prisa, conectado y exigente (derivado de la gran cantidad de información a la que tendrá acceso)

Vamos hacia un nuevo modelo de comunicación peer to peer, con mucha tecnología a nuestra disposición, con una audiencia muy fragmentada, que se tendrá que adaptar a un cliente mucho más exigente. En este sentido, aquél que controle el software se hará con el negocio. Buena nota de lo anterior tomó Mediaset cuando se decidió a comprar de Endemol en mayo de 2007.

En cuanto a los anunciantes, ¿han roto el trato que tenían con el telespectador? Contenido gratis a cambio de un bombardeo aceptable de publicidad. Ahora bien, las cadenas en abierto han superado el umbral de saturación publicitaria. Y sin publicidad, los radiodifusores se ven abocados a una redefinición de sus modelos de negocio.
Es innegable que estamos ante un futuro audiovisual apasionante. Tal vez, el futuro de la televisión pase por plataformas tipo You Tube, quién sabe. De lo que no cabe duda es que el mercado está demandando calidad frente a cantidad. Ahora bien, uno de los principales escollos a los que la Administración deberá enfrentarse será el rechazo de los radiodifusores españoles.

En conclusión, creemos que el éxito de la implantación de la TDT radica en una  Administración comprometida con la migración y en el que cumplimiento de las fechas previstas para el apagón analógico, lo que requiere una rápida planificación del escenario post apagón y del Plan de Despliegue de la TDT. A tal efecto, creemos que los motores de la migración digital serán el propio apagón analógico, los nuevos servicios basados en las tarjetas inteligentes TDT 2.0, la televisión móvil y la TDT en alta definición. Protagonistas todos ellos del “encendido digital”. Y de una revolución que se llama TDT.

Laura Caballero Trenado

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